Los Secretos de la Tribuna de los Uffizzi

La mirada masculina es una realidad presente en todo el arte, arte en la que Zoffany nos la representa de forma ocultamente crítica. A primera vista, nada parece fuera de lo común a parte del talento del Artista. Agudice entonces el ojo y déjese llevar por un viaje a la tribuna de los Uffizzy, donde descubrirá tantas reproducciones artísticas como burlas de su autor hacia quien se atreve a mirarlas con indiscreción.

En un extremo de la sala, vemos un grupo de hombres mirando la venus de Cnido. Ninguno la mira de frente; todos están, muy descaradamente, mirándole el trasero (las prioridades de los hombres tampoco han cambiado tanto en los últimos siglos) y uno lo inspecciona cuidadosamente con una lupa. Entre todos ellos sólo uno no la está mirando; los luchadores le son, al parecer, mucho más interesantes. Los rumores de la época nos dan una idea de por qué  los mira tan detenidamente: Las mujeres no le interesaban más en piedra que en carne, pues su gusto se inclinaba hacia los hombres. No estaba sólo. Sosteniendo con una mano el cuadro de la Venus de Urbino, pero dirigiendo la mirada hacia otra parte, un hombre aleja la mirada. La sostiene a ella, pero nos señala, como si confesara sus pensamientos libidinosos, a los mismos luchadores de la sala. Al parecer triunfaban entre algunos, pero todos no tienen el mismo gusto. A George Legge, le iban más jovencitos. Zoffany retrata al personaje del que todos sospechaban con un muchacho (de verde, 4a imagen) agachado y rozando su entrepierna. ¿Descarado? Detrás suyo, un hombre mira la escultura masculina por detrás, mientras otro le dirige, a su vez, la mirada.

Scroll al inicio